Enjoy craftbeer

Una cena con diamantes

¿Y si nos permitimos el lujo de probar las cervezas más caras que se nos ocurran? Una detrás de otra. Y con algo rico para picar…


Ése fue el detonante de la última cata cervecera del bar Singular de Bilbao. ¿Quieres ver lo que ocurrió?


Las copas se llenaron de perlitas muy complicadas de conseguir por ser producciones muy cortas y selectas.

Y prohibitivas. Por qué negarlo.

Sus precios se salen de lo asumible en el día a día. Pero de vez en cuando apetece darse un capricho, ¿no? Toma nota para cuando quieras darte un gustazo:


Brewdog Everyday Anarchy


Sabino, alma mater del bar Singular (Lersundi, 2. Bilbao), fue el anfitrión de esta cena con un claro hilo conductor: beber cervezones muy caros. Sin medias tintas.

Normalmente las catas tienen un fin más mundano: comparar diferentes recetas de un mismo estilo o repasar los estilos de un país o de un fabricante. Pero ésta fue puro vicio.

La primera joyita que descorchamos fue una de esas rarezas con las que Mikkeller nos sorprende de vez en cuando.

Los daneses rompieron el hielo con una cerveza fermentada con levadura Brettanomyces, levadura de Champagne y enzimas que potencian la conversión de los azúcares de la malta en alcohol. El resultado es una cerveza seca que se envejece después en barricas de Champagne.

Las levaduras salvajes como la Brett dan un toque de complejidad muy interesante. El precio que paga el productor por ello: arriesgarse a fermentaciones indeseadas.

Pero cuando miras al peligro a los ojos y le retas voluntariamente, las cosas cambian.



Mikkeller Nelson Sauvin


La Mikkeller Nelson Sauvin, añejada en barricas de champagne, es una de esas birras excéntricas. Muy carbonatada, seca como un buen cava y con toques a uvas pasas y aromas propios del vino.

O la adoras, o la odias.

Su secreto está en que el lúpulo Nelson Sauvin aporta los aromas de la uva sauvignon blanc. Y quedan atrapados en la voracidad del brett durante la fermentación.

El maridaje  fue un lomo ibérico de bellota de Joselito.




Y tras la extravagancia, llegó la anarquía. ¿Lo quieres raro? Toma caña y media:

Everyday Anarchy de Brewdog tiene poco de «everyday» y mucho de «anarchy». Se elaboró fugazmente una vez en 2014 y acaba de salir otro lote al mercado.

Es una imperial saison que ha pasado un año en barrica. A lo loco. Saison y añeja.

Maltas Extra Pale, Cara Wheat y Rye junto a lúpulos Motueka, Saaz y Bobek. El resultado es una cerveza pintada de cobre viejo y 10.3 grados.

Los 355 días de guarda en barricas de vino blanco francés le dan carácter. Y el maridaje fue insuperable: la tosta de bacalao ligeramente picante elevó a la Brewdog a los altares.


Brewdog Everyday Anarchy

Brewdog Everyday Anarchy

Tercer capítulo para una de las mejores cervezas que te puedes llevar a los labios. Apunta el nombre de la cervecera si no lo conoces: Struise.

Estos belgas flamencos de Vleteren miman todo lo que pasa por sus manos. La Pannepot Gran Reserva Cask Strength Calvados no podía ser menos.

Ojo, porque estamos ante un diamante de muchos quilates. Esta Pannepot es a la cerveza lo que un buen Oporto al vino. Otro nivel. Y se parece mucho más de lo que crees a los mimados caldos portugueses.

Pannepot Gran Reserva Calvados

Struise elabora tres tipos de Pannepot: la ‘normal’, la reserva y la gran reserva. La Pannepot Cask Strength es una edición especial que pasa cinco años en barricas de calvados antes de ser embotellada. Sí, cinco.

Una maravilla de producción limitadísima y casi imposible de conseguir que combinamos con una foccacia de roast beef. Otro acierto.

La salsita del bocadillo resaltaba la copa y la cerveza limpiaba el paladar. Podrías quedarte para siempre en ese bucle.


Bar Singular de Bilbao

La cuarta cerveza fundió a negro al personal. Imperial stout americana de las que tienen club de fans.

¿Que no hay gruppies de la Prairie Bomb!? Pues hay que fundarlo.

El petroleo torrefacto de los chicos de Tusla es un espectáculo.

Añejada junto a granos de café, vainilla, chocolate y guindillas, evoluciona a medida que gana temperatura y no hay quien la pare.

La papada de cerdo de Joselito que la acompañó no le restó ni un ápice de fuerza y eso que es grasa pura.

Ésta es una cerveza de quitarse el sombrero, señores. Por algo tiene 100 puntos en Ratebeer.


Praire Bomb!
Praire Bomb!

El fin de fiesta lo puso la Imperial Stout Eclipse de Fifty-Fifty.

La casa elabora muchas versiones diferentes de esta cerveza, en tiradas muy cortas. La que pudimos probar, añejada en barriles de rye bourbon es una edición de 2014.

Tras la crianza en madera, las botellas tienen otros tres años de guarda. Y sigue mejorando. Porque donde hay cimientos, es fácil construir.


Eclipse Imperial Stout

Y el debate esta servido: ¿es mejor la Eclipse o la Bomb!? El toque de miel de la primera hacía que los presentes se decantaran hacia una u otra.

Y ahí se enredó la conversación, con la tabla de quesos que Sabino puso sobre la mesa.

Pero cuéntanos tú:

 ¿Te has dado últimamente algún gustazo cervecero de cuyo precio no quieres acordarte?

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