Enjoy craftbeer

Las 5 mentiras que te han contado sobre la cerveza artesanal

Ahora que vamos despacio, vamos a destapar mentiras. El ‘top five’ de las trolas que nos cuentan sobre la cerveza artesanal



Es así. Te han mentido porque no quieren que salgas del redil. Y la mejor forma de evitar que pruebes por ti mismo es contarte que ahí fuera está el coco. Así que en las fábricas de la industria cervecera también fermentan unas cuantas falsedades que intentan que traguemos.

Pero si las filtramos y las pasamos por el serpentín, ¿qué queda?

Las 5 mejores mentiras están servidas:


1- La cerveza artesana se hace en garajes sin ningún control


La idea viene a ser algo así: “estos hippies de la malta y el lúpulo son unos inconscientes que juegan con tu salud”. No sé para qué se cortan. Ya puestos, mejor el clásico: “hijo, si un barbudo te ofrece cerveza no la cojas, ¿eh? Que es caca”.

La verdad es que los productores de cerveza artesana cuidan tanto la calidad de sus cervezas como la higiene del proceso. Y esto es fácil de probar. La más mínima contaminación puede provocar que la levadura muera antes de lograr hacer la cerveza. Así que la limpieza es la base del proceso.

Lo de meter perros en los fermentadores solo pasa en Los Simpson. Y en algunas cuadras del sur de Bélgica, pero esa es otra historia.

El brewer es un tipo normal al que le gusta mucho la cerveza. Quiere elaborar la mejor bebida posible, con los ingredientes más limpios, y poder sentirse orgulloso de su trabajo.

Y no es cuestión de fe. Compruébalo con tus propios ojos.

En la etiqueta está el registro sanitario de la instalación en la que se ha cocinado la cerveza, que cumple todos los requisitos e inspecciones que manda la ley.


Cerveza artesanal


2- Usan ingredientes de segunda. Solo los grandes de la industria pueden pagar grano de primera


Claro. Por eso los ‘gourmets’ hacen cola en McDonalds y no en la puerta de la casa de Eneko Atxa. Ajá!

Las grandes multinacionales consumen cantidades ingentes de cereal y éste tiene que ser lo más uniforme posible. Buscan que su bebida sepa igual en cada rincón del mundo, en cualquier momento del año y en todas las cosechas, una tras otra.

Tienen el secreto de la Coca-Cola para convertir la cantidad en uniformidad.

Por lógica, las pequeñas malterías que buscan la excelencia no tienen nada que vender a esos gigantes y sus ruedas de molino. La crafbeer es su camino y nuestra alegría.


3- Echan lúpulo a paladas para esconder los defectos de su cerveza


Ésta es genial. No sé si es fruto de la envidia de los que no le echan nada, de los que le echan extracto de lúpulo (lee siempre las etiquetas de lo que te llevas a la boca) o la traca final de un brainstorming que se les fue de las manos.

El lúpulo no enmascara nada.

Es mas: puede acentuar defectos. Por ejemplo, la oxidación es más evidente en una cerveza muy lupulada.

Una cerveza con mucho diacetilo seguirá teniéndolo a pesar del lúpulo, un exceso de DMS seguirá estando, un butírico seguirá ahí… y así, uno detrás de otro, todos los defectos que puede tener una cerveza.

Por cierto, ¿no nos habían dicho que los brewers artesanales tiran de materia prima barata? Sin embargo, ¿se dejan una pasta en lúpulo para tapar defectos? No es por nada, pero el lúpulo no es precisamente barato.

En algunas ipas, por ejemplo, se utilizan hasta 75 kilos de lúpulos por cada 3.000 litros de mosto. Y eso es una pasta.


4-La cerveza artesana es un producto para frikis que las toman en maridajes


Son para maridar, para calmar la sed, para brindar con los amigos… Para los altos, para los bajos, para los feos, para los luchadores grecorromanos… Salvo para lavar el coche, sirve para casi todo.

La idea viene de otra mentira que quizá tiene algo de verdad: que la craftbeer y la cerveza industrial no son lo mismo.

A ver, son cerveza. Una mejor que otra, pero cerv… ¿O quizá no?


Cerveza artesanal


Hay una corriente de opinión, en la propia industria, que considera que las cervezas de producción masiva son refrescos.

Y tienen argumentos sólidos, ya que su elaboración se resume en apretar un botón de una consola de mandos para que una instalación automatizada mezcle los ingredientes medidos al milímetro.

Maltas de diversos cereales o leguminosas, aguas, lúpulos, levadura, extractos, conservantes, colorantes, saborizantes… Luego se filtra, se pasteuriza, se le añade gas de forma artificial y al bar.

El craftbrewer está ahí en cada proceso, desde el molido a la maduración y el embotellado. 


5- Son falsos artesanos. Tienen fábricas que producen medio millón de litros al año


Es nuestra preferida. La pataleta máxima. Los mismos que acusan al craftbrewer de trabajar en un garaje, le censuran por tener una instalación moderna.

Lo venden bien. Saben de eso. El razonamiento se apoya en considerar que el homebrewer es el único artesano. Que un maestro cervecero que puede, incluso, exportar su producto no es un artesano real, sino un competidor.

Y puede que ese sea el quid de la cuestión, ¿no crees?

El movimiento craftbeer no es una moda, ni una burbuja. Es otra forma de entender la vida. Y ahí afuera hay sitio para todos, ¿no?

Eres tú quien elige cada día qué quiere beber. Y los argumentos que quiere creer.